La regla de oro: Una práctica esencial en el entrenamiento de Guía Montessori

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En un ambiente Montessori, cada acción que realizamos y cada palabra que decimos tiene un propósito. Particularmente en los ambientes de Nido, Comunidad Infantil y Casa de niños, la presencia e intención del adulto son clave en el desarrollo del niño. Durante nuestro curso de Guías Montessori, hacemos énfasis en la regla de oro:

“Cuando hablamos, no nos movemos; y cuando nos movemos, no hablamos.”

Queremos que el niño que recibe la presentación se enfoque en únicamente una cosa, sea lenguaje o movimiento. Si realizamos ambas acciones al mismo tiempo el cerebro no puede procesar lo que los ojos observan o lo que los oídos escuchan.

Como Guía Montessori, cuando aplicamos esta “regla de oro” en el día a día, comenzamos a descubrir el significado más profundo: un adulto preparado, consciente de las necesidades del desarrollo infantil y con disciplina interna al dar una presentación.

Cuando el niño logra concentrarse en una sola cosa a la vez, ya sea absorber lenguaje, movimiento u orden, comienza a desarrollar una concentración real y profunda y es ahí donde ocurre el impacto que estamos buscando.

El Poder del Movimiento

En el ambiente Montessori, el adulto está permanentemente modelando el movimiento a los niños: al caminar por el aula, cómo verter el agua, doblar una tela o cargar una charola. Cada movimiento tiene una intención.

Como Guías Montessori, debemos estar atentos a los movimientos “extra” o superfluos que no son necesarios, así como a nuestra velocidad al presentar. Si no somos conscientes, creamos oportunidades de distracción que es lo que deseamos evitar. Cuando nuestros movimientos son precisos, simples y claros, el niño puede absorber lo que le es posible en ese momento.

Cuando nos movemos sin hablar, abrimos un espacio para que la atención del niño se enfoque en el movimiento. Los ojos se convierten en el canal principal del aprendizaje. El niño observa, absorbe e internaliza la secuencia de acciones a través de la observación. Más adelante, esa observación se transformará en imitación y repetición. Si el adulto habla mientras se mueve durante una presentación, la atención del niño se desviaría hacia las palabras, perdiendo la oportunidad de absorber la importancia de las acciones que la guía está realizando.

Cuando nos comprometemos con esta regla de oro, damos la importancia al movimiento: lo hacemos claro, preciso, y guiamos al niño a repetirlo y perfeccionarlo a su tiempo.

 

El regalo del lenguaje

La segunda parte de la regla de oro es tan importante como la primera: “Cuando hablamos, no nos movemos.”

Los niños de esta edad están absorbiendo el lenguaje y adquiriendo vocabulario. Por eso queremos que las palabras sean el centro de atención cuando las decimos. La mirada se dirige hacia el lenguaje y hacia la conexión que queremos crear a través del mismo.

Cuando mostramos un nuevo material al niño, separamos de manera intencional el movimiento del lenguaje. Queremos enfocarnos en el lenguaje porque usamos las palabras para ofrecer nuevo vocabulario, explicar lo que hacemos, crear puntos de interés durante la presentación y conectar al niño con el material.

Cuando hablamos con el niño, hacemos una pausa, lo miramos a los ojos y nos conectamos con él. La comunicación verbal es una herramienta esencial que ayuda a vincular al niño con el material. Todo se vuelve intencional, natural y fluido, guiando al niño en su proceso de aprendizaje.

Apoyando la Concentración y el Orden

Cuando respetamos esta regla como guías, estamos protegiendo la concentración del niño.

La mente del niño está aprendiendo a filtrar la información que recibe. Queremos que su mente esté en paz y abierta al mundo. Estos niños están aprendiendo a procesar una gran cantidad de estímulos sensoriales y cuando hablamos y nos movemos al mismo tiempo, sobrecargamos su percepción y es algo que debemos evitar.

Al separar las acciones, haciendo una sola cosa a la vez, estamos modelando el orden mental, un aspecto que es esencial en Montessori. Cuando ofrecemos orden externo e interno, creamos un ambiente de armonía. Esa paz brinda al niño una sensación de calma, seguridad, confianza y capacidad.

Es aquí donde se refleja nuestro verdadero propósito: seguir al niño.

Recordemos las palabras de María Montessori sobre la concentración:

“A través de la concentración se desarrollan cualidades importantes del carácter. Cuando la concentración termina, el niño se siente interiormente satisfecho; se vuelve consciente de sus compañeros y muestra hacia ellos un interés vivo y simpático.”

— María Montessori, Montessori Speaks to Parents

Cuando los niños muestran interés activo en lo que hacen, cuando se sienten involucrados y parte de una comunidad, están construyendo las bases de su personalidad. Por eso, algo tan simple como una acción que la guía debe recordar y aplicar en cada presentación, puede ser el cambio transformador que todos buscamos en el ambiente.

Una Práctica de Atención Plena para el Adulto

Como Guías Montessori que trabajamos con niños de 0-6 años, esta “regla de oro” requiere auto-observación y atención plena. Es una manera de desacelerar, como aprendimos en nuestra formación y de volvernos conscientes de cada movimiento. Nos recuerda que el silencio a veces es tan importante como la palabra y que la quietud puede ser tan valiosa como la acción.

Nos recuerda también que, en Montessori, miramos al niño que tenemos frente a nosotros: una relación que crece a través de la observación, conexión y respeto. Esta regla de oro crea un espacio de atención y paz donde el aprendizaje sucede naturalmente.

Nos recuerda constantemente que los niños absorben nuestro estado de ser. Cuando un adulto se mueve con gracia y habla con intención y dirección, el niño aprende a hacer lo mismo.

Escrito por: Carolina Guardia

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